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Incapacidad Vs Discapacidad

Por: Dra. Ana Guilaisne Bernard Medina

Las palabras no son neutras. Transmiten significados, orientan el pensamiento propiciando representaciones acerca de las cosas, de las personas, de la sociedad. En este contexto, no podemos atribuir a la casualidad el cambio de las palabras con las cuales nombramos a los demás y, en esta ocasión, me centraré en el uso de las de incapacidad vs discapacidad. Este debate tiene lugar en el campo ético de la discriminación y por lo tanto es importante que lo examinemos.

Las personas directamente afectadas por el uso de estos calificativos son las que, por diferentes razones, ya sea por problemas músculo-esqueléticos, de audición, de visión o por alteraciones en la capacidad intelectual, presentan alguna dificultad para integrarse en el medio laboral o para desarrollarse en la sociedad.

Las definiciones que de estos términos ofrecen los diccionarios generales son, desgraciadamente y desde mi punto de vista, insuficientes e incompletas, y por lo tanto no ayudan a aclarar su significado. Una base mínima en etimologías puede aportar elementos para comprender las diferencias entre estas dos palabras.

En la palabra incapacidad el prefijo de origen latino in se refiere a la falta o a la negación de y capacidad significa la aptitud, el talento o la cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo. En cambio, en la palabra discapacidad, el prefijo dis, de origen griego, significa dificultad, por lo tanto se habla de un obstáculo o impedimento para realizar alguna acción. En este caso, se tiene capacidad, pero, por la situación que vive la persona, ya sea ceguera, sordera, problemas músculo-esqueléticos, disminución del potencial intelectual o alguna otra alteración, se le dificulta más la realización de alguna tarea. Pero eso no significa que no tenga capacidad. Ejercitándose, puede desarrollarse igual o aún mejor que otras personas que no tienen dificultades.

En el pasado se hablaba de minusválidos, término todavía más discriminatorio ya que atribuye menor valor a la persona a la cual se le denomina así. A mi manera de ver, esa palabra debería de ser erradicada definitivamente de nuestro vocabulario, ya que toda persona que haya vivido o vive en este mundo ¡tiene un gran valor! Son numerosas las historias de personas que han sobresalido a pesar de sufrir alguna discapacidad. Al mismo tiempo, esas personas –que enfrentan la dificultad y a las que se les ha llegado a considerar por algunos como de menor valor – son, al contrario, fuente de inspiración para los médicos y otros profesionales de la salud, así como para los filántropos e incluso para otros profesionistas que desarrollan su creatividad para diseñar y crear gran cantidad de utensilios con la finalidad de facilitarles la vida y permitirles superar obstáculos para salir adelante.

En un mundo que puede parecer que se deshumaniza y que menosprecia el cuidado de la vida, es imperativo valorar a las personas que padecen alguna discapacidad. Tenemos que impulsarlas para que vean la oportunidad de sobresalir y, a aquellas que no les aqueja discapacidad alguna, sensibilicémoslas hacia las necesidades de los demás para que puedan aportar algo. Así, estaremos contribuyendo unos y otros a una mejor convivencia. Finalmente, siendo honestos y críticos con nosotros mismos, cada uno de nosotros, de manera visible o de forma menos evidente, ¡tenemos alguna “discapacidad” por superar!